Más de cinco millones de croquetas después, Solo de Croquetas sigue demostrando que la especialización no es una limitación, sino una estrategia.
Coincidiendo con el Día Internacional de la Croqueta, la marca hace balance de su recorrido: un proyecto construido a base de foco, prueba y error, y una idea clara desde el origen: convertir un producto cotidiano en el centro de todo.
Con motivo del Día Internacional de la Croqueta (16 de enero), Solo de Croquetas ha repasado los principales hitos de un proyecto que ha construido toda su trayectoria alrededor de un único producto. Desde su nacimiento, la marca ha servido más de cinco millones de croquetas, una cifra que resume años de especialización, prueba constante y toma de decisiones a largo plazo.
El primer gran punto de inflexión fue la decisión de hacer solo croquetas. En un mercado fragmentado y sin marcas visibles para el consumidor final, el proyecto optó por reducir el foco al máximo y convertir la croqueta en el centro absoluto del negocio, no como una limitación, sino como una especialización consciente. Esa elección marcó todo lo que vendría después.
El siguiente hito fue empezar por la hostelería. La apertura de su primer restaurante en Madrid permitió situar la croqueta en el contexto donde el consumidor ya estaba dispuesto a pagar por calidad y, al mismo tiempo, utilizar el restaurante como laboratorio. Un año después llegó un segundo local, que consolidó el modelo y reforzó el aprendizaje directo a través de la observación del cliente en sala.
Durante esos primeros años, el proyecto desarrolló más de 100 recetas, llegando a lanzar un sabor nuevo cada semana. Las croquetas se probaban en versión preliminar, se ajustaban o se descartaban en función del feedback real, dando lugar a una carta actual más reducida, fruto de un proceso continuo de validación gastronómica.
La pandemia supuso otro momento clave. Con la hostelería paralizada, Solo de Croquetas aceleró la venta online para seguir llegando al consumidor final. El arranque fue básico y manual, pero suficiente para confirmar que existía una demanda real de croquetas de calidad para el consumo doméstico. Ese aprendizaje dio paso a un e-commerce estructurado que se convirtió en un nuevo pilar del proyecto.
El siguiente salto fue el paso al B2B. Vender croquetas a otros negocios de hostelería implicó escalar producción, asumir mayores exigencias operativas y obtener certificaciones, pero también permitió trasladar a otros restaurantes un modelo ya probado en funcionamiento real. Además, el desarrollo de croquetas a medida —reinterpretando platos completos en formato croqueta— reforzó su posicionamiento como proveedor especializado.
El último gran hito en 2025 ha sido la entrada en retail de la mano de El Corte Inglés. Este canal no solo amplió el alcance del proyecto, sino que volvió a impulsar innovación en producto, como el desarrollo de croquetas diseñadas específicamente para funcionar igual de bien en freidora convencional, airfryer u horno, adaptándose a los nuevos hábitos de consumo en el hogar.
Hoy, Solo de Croquetas se define como la prueba de que todo puede ser croqueta: un proyecto construido capa a capa, sin perder el foco ni la esencia, y cuya mirada está puesta en la internacionalización, aplicando en nuevos mercados la misma lógica que ha guiado su evolución hasta ahora.