PETRITEGI: 500 años de cultura de la sidra en el País Vasco
Fundada en 1526 en Astigarraga (Gipuzkoa), Petritegi es una de las sidrerías más antiguas de Europa y un referente de la cultura sidrera vasca. A lo largo de casi cinco siglos, la familia Otaño ha mantenido viva una tradición que forma parte de la identidad gastronómica del País Vasco, combinando conocimiento artesanal, innovación y un fuerte vínculo con el territorio.
Lo que comenzó como un caserío-lagar donde la sidra se elaboraba como parte de la vida agrícola se ha convertido hoy en una bodega que produce más de un millón de botellas al año y que ha desarrollado un ecosistema completo en torno al mundo de la manzana y la sidra.

La historia reciente de Petritegi está marcada por tres generaciones que han impulsado su evolución. En los años sesenta, Joaquín Otaño fue uno de los sidreros que contribuyó a popularizar el ritual del txotx moderno, permitiendo a los visitantes probar la sidra directamente de las kupelas y convirtiendo la sidrería en una experiencia social y gastronómica única.
Hoy, la quinta generación de la familia, liderada por Ainara Otaño, ha impulsado la modernización del proyecto apostando por la diversificación del producto, la sostenibilidad y el desarrollo de nuevas experiencias en torno a la sidra. Bajo su dirección han nacido proyectos como el Sagar Bar Malum Rex o el Hotel Sagarlore, ampliando el universo Petritegi más allá de la sidrería tradicional.
La sexta generación está representada por Argoitz Otaño, enólogo de la bodega, que trabaja en el desarrollo de nuevas sidras como las monovarietales o propuestas más contemporáneas como La Petri, explorando nuevas formas de conectar con consumidores de diferentes perfiles.
Hoy Petritegi combina tradición y modernidad a través de su producción de sidra natural con Denominación de Origen Euskal Sagardoa, sidras espumosas, monovarietales y zumo de manzana ecológico, manteniendo siempre su compromiso con la manzana local y el territorio.
Cinco siglos después de su fundación, Petritegi continúa siendo un lugar donde la sidra conecta personas, generaciones y cultura. Un proyecto que demuestra que la tradición no es quedarse en el pasado, sino saber evolucionar sin perder la esencia.